La caricia del reconocimiento

“Reconocer lo que otra persona ha hecho con su tiempo, energía y entrega es un acto valioso de manifestación que no tiene precio”

Uno puede reconocer al otro por lo que hace o dice. Porque sus palabras resuenan en nosotros. Porque su actos son referencia para nosotros mismos. Verlo y manifestárselo a través de agradecimiento y/o apoyo es un acto que contribuye a sanar y construir un modelo de persona amable, feliz y cooperativa. No estoy hablando por supuesto de un click en un corazoncito o un “me gusta” en alguna plataforma web, no, me estoy refiriendo a una manifestación personal, crítica y constructiva, y por lo tanto elaborada. Y cuando me refiero a elaborada me refiero a que uno toma consciencia del significado del acto del otro, me refiero a que empatiza con el otro y detecta los valores subyacentes en sus actos. Esta es una forma de reconocimiento. Pero hay más, una que no se refiere a lo que uno hace, a su producción creativa, tenga esta la forma productiva que tenga (palabra, gestos o material). En este caso hago referencia al mero hecho de existir, el reconocimiento de la propia existencia del otro más allá de cualquier acto. Esta es sin duda el mayor de los reconocimientos, todos y todas hemos sentido este tipo de reconocimiento en una etapa preverbal, donde recibíamos el amor y afecto de nuestros progenitores por el mero hecho de haber nacido, no teníamos que demostrar nada, sólo estábamos vivos.

Este tipo de reconocimiento de carácter incondicional se va perdiendo con el tiempo en una sociedad que valora mucho más lo que haces que lo que eres, donde la producción es más importante que quien lo produce. Un mundo que ha separado el acto, del corazón y la inteligencia. Separar el acto de la inteligencia emocional es entrar en un mundo acrítico, caótico y cada vez más incomprensible.

Nuestro esfuerzo está pues en aprender a tejer esos vínculos entre el acto (verbal o material) y la inteligencia emocional, de aquí surge el reconocimiento del otro pero también de uno mismo. La construcción de un “yo” y un “tu”, un “nosotros” y un “vosotros” vinculados a través de esta estrecha relación entre el acto y la inteligencia emocional. Darnos cuenta y manifestarlo es nuestra aportación personal. Un trabajo gratificante que merece de su tiempo y su espacio reflexivo.

Los pasos tienen que ver con:

1-Activar nuestros sentidos ponerlos a disposición nuestra y del otro. (Estar presentes)

2-Recoger toda la información manifiesta.(Estar presentes)

3-Procesarla, tomar consciencia, darnos cuenta (Meditar)

4-Responder en consecuencia con nuestros propios recursos emocionales. (Reconocer)

Publicat per antonirocha

Psicòleg - psicoterapeuta antonirochalopez@gmail.com Tel. 606920689

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